Contar historias reales de fallos, puedo demostrar por qué mi insistencia en el rigor no es «burocracia», sino protección patrimonial. Personalmente, no me dedico a la Auditoría, pero como Consultor apoyo a los Contadores de las empresas, para que los Cierres Del Ejercicio sean efectivos.
A menudo se piensa que una auditoría falla por un error de cálculo, pero la historia nos cuenta algo diferente. Las mayores multas aplicadas a las firmas más grandes del mundo (como los £15 millones una de las firmas líderes a nivel global, en el Reino Unido) no ocurrieron por sumas equivocadas, sino por falta de Escepticismo Profesional.
¿Qué nos enseñan los grandes fallos globales?
- El Caso Autonomy: Nos enseñó que el auditor debe mirar más allá de la factura. No basta con ver un documento; hay que entender si el control del bien realmente se transfirió (NIIF 15). Ignorar esto llevó a una de las sanciones más altas de la historia.
- El Caso Mitie: Nos recordó que las «proyecciones optimistas» de la gerencia deben ser probadas con datos fríos. Si el deterioro de un activo (NIC 36) no se calcula con rigor, el balance es un castillo de naipes.
- El Caso Glencore (2025): Nos pone en alerta sobre la responsabilidad del auditor ante la integridad legal y el cumplimiento.
¿Cómo aplicamos esto en Paraguay? En nuestra práctica local, aplicamos ese mismo escepticismo de alto nivel. Un ejemplo de eje fiscal, al revisar el IDU (Impuesto a los Dividendos y Utilidades), no nos limitamos a ver si se pagó; verificamos que el hecho generador —la decisión de la Asamblea según la Ley 6380/19— esté perfectamente documentado y que la retención se haya realizado en el plazo legal (día 13 del mes siguiente).
La lección es clara: Una auditoría que no cuestiona, no protege. En Sady Pereira y Asoc., nuestra obsesión por el detalle es su mayor garantía de seguridad jurídica y financiera.
